El viaje de ida de Barcelona a Katmandú fue de lo más largo y agotador. Como no encontré vuelos directos escogí el que mejor me iba por horarios y fechas con escala en Istambul. Sigue leyendo y vive conmigo esta bonita aventura.

Escala en Turquía

Como no encontré un vuelo directo de Barcelona a Katmandú hice una escala de 8 horas en Turquía. Si hubiera sido de día hubiera aprovechado para visitar algo de Istanbul pero al ser de noche no tenía otra opción que dormir en el aeropuerto. Me dió un poco de pereza porque no iba a dormir y ése era solo el primer vuelo. Todavía me esperaban 11h más de avión y mi primer día en Nepal.

Ví que la compañía aérea ofrecía acceso a su lounge, pero solo era gratuito para los que viajaban en primera clase. Buscando mucho me decanté por alojarme en el hotel del aeropuerto de Istanbul que me costaba casi lo mismo que el lounge de Turkish Airlines y tendría una cama y una ducha para acomodarme hasta la salida de mi vuelo.

Llegada al aeropuerto de Katmandú

Después de un vuelo de 11 horas en el que no pude cerrar ojo de los nervios y la emoción, aterramos en Katmandú.

Vistas de la ciudad de Katmandú desde la ventanilla del avión

Aterramos con retraso, tan típico de Nepal. Yo estaba agotada, hambrienta, me sentía sucia, desorientada, adormilada y me dolía todo el cuerpo. Tardé 2 horas en poder salir de ese aeropuerto. Madre mía, la de colas que hay que hacer para pasar todos los controles antes de poder entrar en el país. Ya me lo habían advertido, pero no estaba preparada para semejante caos. Muchísima falta de información y colas inútiles por todos lados.

Primero de todo, cola en las máquinas para sacar la petición del visado. Muchas no funcionaban y en las que lo hacían había una cola eterna. Había un total de 6 máquinas y 3 estaban fuera de servicio… así que puedes imaginártelo. Luego tenías que llevar el papel de la petición al mostrador para pagar el visado, 3 colas que llenaban todo el recibidor. Las colas mal hechas donde algunos aprovechaban el desorden para colarse y los guardas no decían nada. Finalmente, una vez habías pasado por el mostrador en el que pagabas el visado te sumabas a otra cola para pasar el control de pasaporte.

Cuando abandoné esa sala quise llorar. De hambre, de cansancio y de agobio. Apenas había comido y de la pista entrabas a esa sala, sin baños para refrescarte. Y por no hablarte del calor que hacía…

Recogí mi maleta (estaban todas tiradas en el suelo enmedio del aeropuerto sin indicaciones de a que vuelo pertenecían…. por suerte había un guarda súper majo que me vió y vino a ayudarme. Supongo que al verme la cara pensó que necesitaba ayuda jaja! Me dió su bendición y sus mejores deseos para mi viaje y me dirigí a la puerta de salida. Los nervios estaban a flor de piel.

Salí al exterior y ¡PUM! un choque de realidad en toda la cara. Un CAOS en mayúsculas. Solo repito la palabra caos, pero es que honestamente fueron las primeras sensaciones que tuve. Un caos asombroso y a la vez molesto. Iba mentalmente muy preparada para todo lo que iba a encontrarme pero aún así, entre el cansancio y el calor, todo resultaba mucho más intenso.

Me puse de puntillas y entre 500 nepalíes con carteles y gritos atisbé a mi guía. Lo reconocí porqué venía por parte de la ONG y evidentemente me habían enseñado quién era. Ademas que llevaba un cartel con mi nombre. Ya me sentía más a salvo, más tranquila y más cerca de poder echarme en la cama y dormir. Necesitaba calmar todas las emociones de ese día y procesar el viaje.

En taxi hasta Thammel

Andamos hasta lo que me pareció un aparcamiento bastante caótico, obviamente, y Rahúl (el guía) me acompañó hasta un coche y me ayudó a subir mi maleta. Me dijo que eso era un taxi y que me llevarían hasta el hotel dónde él me estaría esperando. Al poco rato subieron otros dos turistas más y nos fuimos. Estuve hablando con ellos y escuchando sus batallitas sobre Nepal porqué no era la primera vez que estaban en el país. Mientrastanto no dejaba de mirar por la ventana y alucinaba con el ajetreo de la ciudad de Kathmandú. Coches en todas direcciones, tanto polvo en el aire que apenas se veía nada, motos por todos lados, vacas cruzando la carretera… un CAOS. Pero yo no dejaba de sonreír. Eso es lo que me esperaba de Katmandú, de Nepal, y estaba emocionada por lo que iba a vivir.

Tampoco dejé de hacerle preguntas al conductor llamado «Anorak». Sí, se llamaba Anorak. Nos reímos un buen rato los dos al decirme que se llamaba así, él sabía perfectamente lo que significaba su nombre en Español. Le preguntaba por las normas de tráfico, el motivo por el que pitaban todo el rato y porqué el pasajero de atrás de la moto no lleva casco… tenía tantas y tantas ganas de conocer TODO sobre el país y su gente que el trayecto de 1 hora se me pasó volando.

Tarde de turismo por Kathmandú

Llegué al hotel, me bajé del taxi y antes de poder decirles gracias a los taxistas ya no estaban. Fue asombrosa la rapidez con la que se fueron, ni me di cuenta. Mi guía me ayudó a subir todo a la habitación y mientras él comía algo yo monté mi saco de dormir, me duché y me cambié de ropa. Luego bajé y aprovechamos esa misma tarde para visitar el Durbar Square de Katmandú. Hubiéramos podido ir al templo de los monos pero como el tiempo parecía indeciso en si llover o no me dijo que mejor nos quedábamos por el centro.

Durbar Square de Katmandú, Nepal

Me contó mil cosas sobre el barrio de Thammel, Nepal en general, su cultura, sus tradiciones, sus dioses… yo solo iba con el móvil apuntándolo todo en mi aplicación de notas para no olvidarme de nada. No saqué ni una foto esa tarde, intenté concentrarme en aprender todo lo que me decía y que no me quedase nada de nada por saber. Estoy segura que parecía toda una turista, medio dormida, intentando no caerme al caminar por esas calles mal asfaltadas, llenas de agujeros y que no me atropellara una moto, un coche o una vaca.

Ese día pensé, «tómatelo con calma hoy que dentro un mes, antes de volver a España, volverás a Katmandú y visitarás la ciudad tranquilamente. Que equivocada estaba, nunca más volvería a ver Thammel, Katmandú ni ninguna ciudad de Nepal como la ví esa tarde.

Templo para el dolor de muela junto a la calle de dentistas de Thammel en Katmandú

Espero que este post te haya servido de ayuda. Cualquier duda puedes contactarme o dejar un comentario abajo. Recuerda que también puedes seguir todos mis viajes en Instagram y Youtube.

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